Una vida de bailarinas

Una vida de bailarinas

Siempre me ha encantado la gimnasia rítmica y el ballet. A los 8 años decidí apuntarme a clases de ballet y quedé maravillada con este arte. Se trata de una disciplina que requiere concentración y capacidad para el esfuerzo como actitud y forma de vida. A diferencia de otras danzas, en el ballet cada paso está codificado. Participan invariablemente las manos, brazos, tronco, cabeza, pies, rodillas, todo el cuerpo en una conjunción simultánea de dinámica muscular y mental que debe expresarse en total armonía de movimientos. Para mí es la perfección hecho baile.

Lo más llamativo son las zapatillas, sobre todo las puntas que son especiales, y que las bailarinas adquieren cuando poseen la fuerza requerida en los músculos del pie y la pantorrilla. Al principio de este proceso, las bailarinas sufren de un intenso dolor en los dedos y articulaciones, pero con los años van adquiriendo mayor fuerza y conocimientos que hacen que sus pies sufran cada vez menos. Y puedo dar fe de ello.

Un estilo de vida

Con el paso de los años lo fui dejando, pero tengo que reconocer que el estilo de vida de bailarina me ha servido para el resto de mi vida. La mentalidad del ballet siempre ha estado presente en todo lo que he hecho. Por ejemplo, ese sacrificio, esas ganas de comerme el mundo, me han servido para sacar una oposición de jueza. No es fácil, son muchas horas de estudio, de no salir cuando tus amigos están de fiesta, de quedarte en casa cuando todos se van de casa rural, pero afortunadamente, el ballet me mostró que los esfuerzos tienen recompensa. Y ahora cumplo mi sueño de ser jueza.

Afortunadamente, y aunque las bailarinas de nivel siempre sufren problemas físicos, yo al contrario. Tengo flexibilidad en la espalda, sin curvatura exagerada en esta zona que debe ser plana, siempre dentro de la normalidad. La parte de la cadera la tengo en perfecto estado y tengo una capacidad ósea que me permite la apertura de las piernas, que esto viene muy bien para mantenerme en forma, incluso haciendo ejercicios mientras trabajo.

Gusto estético

El ballet también da placer a quienes lo miran, mediante la emoción estética, pues en ellos se activan las llamadas neuronas espejo, que hacen al espectador equipararse al bailarín. Nos hace tener buen gusto, y quizás por eso estoy tan orgullosa de mi forma de decorar mi casa o incluso la de mi hermano. Me gusta mucho el mobiliario de exterior, y en este caso, siempre acudo a la web de Expormim que cuentan con auténticas obras de arte, como las que ejecutan las bailarinas cuando están sobre el escenario. En estos muebles encuentro la pureza, simplicidad, bienestar y ética que siempre hallé en mis clases de ballet.

En definitiva, el ballet es un arte que involucra la atención, la memoria, la voluntad, la sensibilidad, la emoción, y muchas modalidades sensoriales además del movimiento. Todas esas características ahora las he aplicado a mi vida. Por eso, solo me queda decir: Gracias Ballet.