Cuídate

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Cuídate

El desgaste físico que actores, bailarines y profesionales del mundo del espectáculo en general llevan encima es brutal aunque a veces no lo parezca. Subir a un escenario significa dar el 100% de ti mismo y cuando no estás en plenas facultades, aunque sólo sea por un simple constipado, se nota.  A pesar de ello, tal y como dice mi director de teatro, el público jamás tiene la culpa ni de tu estado de ánimo, ni de tu estado físico, ni de las condiciones en las que se encuentra la sala , ni del número de entradas que se venden y, por ello, el espectáculo tiene que ser perfecto aunque estés con 40 de fiebre, aunque haya tres espectadores en la sala, aunque haya eco y tengas que dejarte la garganta para que te oiga la última fila o aunque haya fallecido un familiar muy querido. Si no vas a darlo todo, no salgas a escena.
Amor por el teatro

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Amor por el teatro

Llevo más de 20 años encima de los escenarios, a veces representando obras de teatro (casi siempre) y otras veces bailando o cantando (las menos) y en todas y cada una de esas represetaciones me quedo con lo mismo: el recuerdo. La realidad es que quienes, como yo, no vivimos del mundo del espectáculo, sino de nuestro trabajo totalmente anónimo, y tenemos como hobbie pisar los escenarios del país es grupos de teatro amateur o similares tenemos una ventaja y una gran desventaja con respecto a quienes viven del mundo del espectáculo.
Danza y gafas, una relación que siempre acaba mal

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Danza y gafas, una relación que siempre acaba mal

Da igual si eres bailaora o bailaor de flamenco, si haces danza clásica, hip-hop, break dance o danza africana, sea cual sea tu especialidad encima de un escenario, las gafas te van a molestar. Tanto si estás entrenando o ensayando como si vas a actuar ante un auditorio de espectadores, la realidad es que las gafas nos sobran y esto es algo que a muchos de nosotros nos supone un gran problema.
Cuida tus pies, usa calzado adecuado

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Cuida tus pies, usa calzado adecuado

No termino de entender el motivo por el cual nos empeñamos en destrozarnos los pies gratuitamente, y no lo digo por esas bailarinas que con esfuerzo y lágrimas practican día a día hasta que sus pies sangran, no, lo digo por todas esas chicas que se ponen un calzado inadecuado para caminar, correr o jugar con sus hijos en el parque y luego acaban con dolores, problemas de espalda y otras patologías derivadas. ¿Es que no saben el daño que pueden causarse?